¿Somos más felices porque sonreímos o sonreímos porque somos más felices?

Todos tenemos gente conocida que esta todo el rato sonriendo. Curiosamente no suele pasar desapercibida, ya que a todos nos gusta rodearnos de personas que nos sonrían. Comentarios tipo, ese/a esta siempre sonriendo, suelen ser bastante frecuentes en cualquier conversación de la calle.  Pero la gente ¿sonríe porque es más feliz, o es más feliz porque sonríe?

Antes de seguir adelante, sería recomendable que nos parasemos a repasar el término propiocepción, ya que es algo necesario para poder resolver la cuestión planteada.

Se entiende por propiocepción a la capacidad que tiene el cerebro de saber la posición exacta de todas las partes de nuestro cuerpo en cada momento. La propiocepción tiene estructuras nerviosas distribuidas por todo el cuerpo entre las capas del músculo esquelético, articulaciones o los tendones. Los nervios que hay en estas estructuras tienen mecanoreceptores, es decir, receptores que se activan frente a cambios físicos como un estiramiento, un aumento de la tensión, etc. Y todos estos mecanoreceptores responden ante estos cambios activando nervios que transmiten información al cerebro. Es un sentido tan integrado que nos cuesta darnos cuenta de él, pero se puede observar su importancia en pacientes que lo pierden, les cuesta mantenerse de pie, fallan al realizar cualquier tipo de movimiento, agarre, etc. Tiene que estar todo el rato viendo la parte del cuerpo que se está moviendo así consiguen compensar esta perdida, pero a oscuras no pueden realizar ninguna tarea.

Así que, gracias a la propiocepción, que es uno de los sentidos que tenemos, somos capaces de sentir controlar nuestro cuerpo con precisión.

Bien, sabemos, que gracias a la propiocepción nuestro cerebro sabe en cualquier momento el movimiento del cuerpo, si los músculos están en tensión o relajados, por ende, si estamos sonriendo o no.

Si analizamos como se produce la sonrisa, el movimiento de los músculos de la cara, sería el último paso del proceso, es decir, primero vemos, escuchamos algo, lo interpretamos como gracioso, nos produce risa (modificación de estado de ánimo) y la manifestamos a nivel corporal con un estiramiento de la cara generando una sonrisa.

Lo que desde la psicología se ha estado investigando es precisamente cuestionarse el proceso a la inversa, es decir, ¿si somos capaces de estar sonriendo, podemos genera un estado de ánimo más feliz, aunque no haya un motivo concreto para ello?

Son muchos los estudios que se han realizado a este respecto, jones et al, examinaron la influencia de la estimulación propioceptiva en el estado emocional de los participantes. Se descubrió que la activación de la propiocepción a través de ejercicios específicos estaba asociada con una mejora en el estado de ánimo en general y una disminución de los niveles de estrés y ansiedad.

Otro estudio llevado a cabo por Smith y colaboradores, se investigó la relación entre la propiocepción y la regulación emocional. Se encontró que una mejor capacidad propioceptiva se asociaba con una mayor habilidad para regular las emociones negativas, lo que sugiere que la información proveniente de nuestros músculos y articulaciones pueden influir en nuestra capacidad para gestionar emociones.

Pero no solo desde los estudios y experimentos psicológicos se puede observar la relación entre estados de ánimo y propiocepción.  Prácticas como la meditación y el yoga suelen enfocarse en la conexión mente-cuerpo y en la mejora de la propiocepción como solución eficaz para la reducción del estrés. En la terapia ocupacional también se aborda la propiocepción especialmente en personas con trastornos sensoriales.

En conclusión, no solo sonreír, sino las posturas del cuerpo pueden influir en nuestro estado emocional, tener una postura erguida con los hombros hacia atrás y la columna alienada puede evocar estados de ánimo más positivos, por el contrario, un encorvamiento de hombros, y cabeza baja producirá estados más negativos. 

Forzar una sonrisa, aunque pueda parecer contradictorio, por falsa que pueda parecer, se ha demostrado que tiene su impacto en el estado de ánimo al activar ciertos músculos faciales y enviar señales al cerebro de que algo positivo está ocurriendo.

Luego, el ciclo sonrisa – felicidad, puede ser un sistema que se retroalimenta, donde ser feliz nos hace sonreír, y a la vez sonreír no hace ser feliz.

Así, que sí, sonriamos sonriamos y andemos con lo cabeza alta que eso sin que nos cueste mucho esfuerzo mejora nuestro estado de ánimo.

Javi Mandiola

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